Hawaii es una isla emblemática. Sinónimo internacional de un paraíso terrenal de la buena vida, de la relajación y del océano. También es famosa por su actividad volcánica, que se reconoce como una no precisamente escasa. Pero ¿y si de pronto se hiciera también conocida por tener un volcán que arroja piedras preciosas cuando se enoja?

Algo parecido ha acontecido con las últimas erupciones emitidas por el volcán Kilauea, que al parecer ha estado esparciendo lo que aparentan ser diminutas gemas de un color verde brillante u oliváceo. Si fueras joyero, ¿querrías algo más que material natural que te otorga el azar de la nada?

¿Qué son estas rocas?

         Las diminutas rocas de gran belleza que el volcán arrojara son conocidas como olivino. El olivino es un mineral formado por hierro y magnesio. Este es un elemento bastante común en el material volcánico que resulta ser bajo en sílice. Este parece ser el caso de las rocas que el Kilauea despidió en esta ocasión.

El olivino es, de hecho, de las primeras cosas que se solidifican al enfriarse el magma volcánico. Estas pequeñas joyitas verdes poseen su espectro geoquímico y también se dan varios colores, pero por lo general en verde y negro.

El valor monetario del olivino

         Si bien es cierto que el color de estas piedritas nos hace pensar en seguida en esmeraldas, el olivino no es una roca tan valiosa en el mercado. Esto, quizá sea debido a que es un material frágil que puede romperse con facilidad, además de que, de hecho, por ser tan común en el material volcánico, no sería una joya valiosa pues es sencillo hallarla en grandes cantidades si se busca en los sitios adecuados. Es decir, en lugares con una mínima actividad volcánica.

 

¿Una playa verde?

       Es innegable que la isla de Hawaii es un lugar con grandes recursos para atraer la atención de muchos turistas y enamorar a los nativos, un ejemplo de esto es que, gracias a su elevada actividad volcánica, ha visto la aparición de acontecimientos inéditos, tan extraños como fascinantes.

Así fue como en una ocasión, en la playa Papakolea, se formó una playa verde. Esto se debió a que la erosión marina sobre los pequeños cristales de olivino desembocó en la formación de una arena verde en la superficie de la playa y, al ser estos cristales más pesados que los de arena, permanecieron en la superficie dándole a la playa esta extraña y temporal apariencia.

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